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¿Vino viejo en odres nuevos o cambio político radical? México y el trauma Trump

¿Vino viejo en odres nuevos o cambio político radical?  México y el trauma Trump La frontera EE.UU. - México. www.pixabay.com, editada

Para México siempre ha sido importante quién tiene la última palabra en la Casa Blanca. El poderoso vecino del Norte es el socio comercial más importante de México y alrededor de 12 millones de mexicanos viven en los EE.UU. Es por ello que no sorprende que las elecciones en los EE.U.U se hayan seguido con tanto interés en México.


En la contienda electoral de 2016 la situación se tornó diferente: por vez primera los mexicanos se encontraron siendo objeto de campaña en los EE.UU.. Caracterizados por Donald Trump en la figura del enemigo al llamarlos criminales y peligro para la seguridad de EE.UU., Trump hirió profundamente la autoestima de prácticamente todo un país. Artistas, intelectuales, deportistas y políticos de todos los partidos se movilizaron en su contra. A través de campañas en televisión y radio se exhortó a los mexicanos al otro lado de la frontera a emitir su voto y naturalmente, a no votar por Donald Trump.


Sin embargo, aquello que un año atrás ningún observador podía -o quería- imaginarse, se convirtió en realidad. Aquel empresario marginado que inició su carrera política con una campaña electoral desafiante, que bien pudo haber sacado de un manual de campañas populistas, se mudará a la Casa Blanca en enero. ¿Cómo cambiará la agenda de los EE.UU., pero también el tono de la relación entre los vecinos? Para México el acceso al mercado estadounidense es vital.


El tema de la libertad de circulación de las personas, ausente en el TLCAN, hasta ahora ha sido un punto delicado para el gobierno mexicano que con gusto buscaría corregirse. Ahora se teme que incluso cuestiones fundamentales del tratado de libre comercio se pongan nuevamente a discusión. Se temen importantes retrocesos de la economía nacional en caso de que Donald Trump transforme sus declaraciones de campaña en un programa político, al ser México sede de producción de empresas internacionales como las automotrices japonesas y alemanas que producen para el mercado estadounidense. La polémica alrededor de la deportación masiva de migrantes ilegales mexicanos anunciada por Trump, es también objeto de grandes preocupaciones al sur de la frontera. Mientras que por un lado tanto políticos como autoridades llaman a sus conciudadanos al norte de la frontera a la prudencia y a conservar la calma, en voz alta ya se piensa en crear líneas de asistencia telefónica y oficinas de asesoría en los EE.UU. para los mexicanos potencialmente afectados o para aquellos en busca de orientación.

 

La pregunta crucial que plantean los observadores internacionales, y que para México tiene un gran significado es: ¿Con cuánta seriedad deben ser tomadas las declaraciones de campaña de Donald Trump? ¿Realmente convertirá sus provocativas declaraciones en un programa político o se trató solamente de una ruptura calculada del tabú con la finalidad de ganar las elecciones estadounidenses? Sus primeras declaraciones como presidente electo proporcionan interesantes indicios al respecto: Ha relativizado sus provocativas declaraciones respecto de las deportaciones masivas de migrantes ilegales y de la construcción de un muro en la frontera con México. Asegura que no querría deportar a todos, sino a 2 o 3 millones de migrantes ilegales que habrían tenido algún conflicto con la justicia. En cuanto al muro, según sus declaraciones, éste se construiría sólo en algunos puntos específicos de la frontera que son especialmente críticos.


Dejando de lado la polémica generada por Trump y al observar los hechos, rápidamente queda claro que solamente busca dar continuidad a lo que ya es una realidad en la frontera norte de México. Puesto que el presidente demócrata Barack Obama deportó a mas migrantes ilegales durante su gobierno que sus antecesores, en total 2.5 millones. Su gobierno procedió con especial dureza en contra de migrantes ilegales que “representaban un riesgo de seguridad para los EE.UU.”. Más del 80% de los migrantes deportados entraban en esta categoría. El anuncio de Trump de querer construir un muro en la frontera con México, para sus estrategas de relaciones públicas durante la campaña con seguridad fue un absoluto éxito mediático. Incluso los medios más críticos adoptaron la selección de palabras de Trump y se encargaron de diseminarla de manera ininterrumpida, publicidad gratuita e involuntaria para el candidato, en realidad detestado por los medios. Echando un vistazo a las complejas fortalezas fronterizas en Tijuana, la diferencia entre las actuales instalaciones de seguridad compuestas de vigas de acero, placas metálicas así como torres de vigilancia y los muros anunciados por Trump en “algunos puntos fronterizos”, se limita al material de construcción. Las fortalezas fronterizas, descritas hasta ahora con el término eufemístico de vallas fronterizas, son ya tan infranqueables como un muro. En este sentido, de facto no hay novedad en la política migratoria, más bien se trata de un “sigamos como hasta ahora”.

 

Una preocupación aun mayor para los políticos mexicanos es la que ha generado el anuncio de Trump de querer renegociar los términos del TLCAN. Sin embargo, esta intención tampoco sorprende. También los demócratas dejaron entrever durante la campaña electoral que aspiraban a cambios en el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. Este hecho ha motivado al gobierno mexicano a buscar la colaboración con Canadá, y esto por una buena razón: un estudio actual del renombrado Wilson Center de Washington sobre las relaciones comerciales entre los EE.UU. y México resalta claramente los efectos positivos del TLCAN: el volumen del intercambio comercial entre ambos países es impresionante (¡1millon de dólares estadounidenses por minuto!). Cerca de 5 millones de empleos en los EE.UU. dependen de manera directa o indirecta de las relaciones comerciales bilaterales entre ambos Estados vecinos.


Gracias al TLCAN en los últimos 20 años surgió una plataforma de producción regional que posibilita las cadenas productivas regionales integradas. Gracias a ello México logró convertirse de un simple productor agrario y de materias primas a un país industrializado de medianas tecnologías, como la utilizada en la industria automotriz. Hoy día el país es el cuarto productor de automóviles del mundo. Pero también los EE.UU. se ven beneficiados. Gracias a los baratos procesos de producción en México, los productos norteamericanos son competitivos en el mercado mundial. No obstante, el TLCAN no está libre de polémica en ambas partes de la frontera. Tanto en los EE.UU. como en México hay detractores que opinan que la respectiva contraparte es quien mayor provecho obtiene del TLCAN. A la par del general efecto positivo en las economías de los Estados miembro, también es claro que existen grupos que pueden verse afectados por estas relaciones comerciales. En México, en este sentido frecuentemente se menciona a los pequeños productores, que frente a los grandes productores agrícolas estadounidenses no son competitivos. En la situación actual y dado el gran significado del mercado estadounidense para la economía mexicana (85% de las exportaciones tienen como destino los EE.UU.) este debate, que en el pasado frecuentemente fue fomentado con gran entusiasmo, ha quedado acallado por el momento. Políticos de todos los partidos han manifestado su apoyo al libre comercio regional.

 

¿Cómo maneja la política mexicana esta situación? En el caso de la política migratoria no se espera ningún cambio de facto en la política estadounidense. Sin embargo, probablemente la polémica generada por Donald Trump, aún sin desearlo, tenga el efecto colateral positivo de que el gobierno mexicano observe con mayor interés el tema migratorio, que anteriormente no había sido prioritario en su agenda. Dado que una inmensa mayoría de los migrantes son centroamericanos provenientes de Honduras, Guatemala, El Salvador, pero también en un número cada vez mayor haitianos y africanos, que huyen de la pobreza y de la violencia en sus naciones de origen (y por ende, no mexicanos, como Trump ha sostenido), la política mexicana no había considerado como problema propio esta situación y los agravios a los que se encuentran expuestos los migrantes al atravesar México. La retórica de Trump hace suponer a la política mexicana que dichos migrantes se quedarían “estacionados” en México en números todavía mayores que hasta ahora y que, en consecuencia, México pudiera convertirse de país de tránsito a país de destino. Es por ello que Claudia Ruíz Massieu, Secretaria de Relaciones Exteriores de México, se reunió con cierta urgencia con sus colegas centroamericanos para sostener charlas de coordinación a fin de desarrollar un posicionamiento conjunto. Se espera que a partir de ahora el tema de la migración se perciba como un problema regional y que por lo menos se garantice una mayor protección a las personas en su peligroso tránsito, pero que además se trabaje de manera supranacional para que sus países de origen puedan ofrecer a los migrantes nuevas perspectivas.

 

En el ámbito económico México apuesta al libre comercio y por buenas razones quiere mantener dicho acuerdo. Sin embargo, se muestra abierto a discutir ciertas cuestiones del mismo. México es signatario internacionalmente de más de 40 tratados de libre comercio, tanto bilaterales como multilaterales. Actualmente se encuentra negociando con la Unión Europea una actualización del tratado conjunto de libre comercio. Como reacción al anuncio de Trump, de no querer ratificar el Acuerdo Transpacífico, el gobierno mexicano ha anunciado un acercamiento a sus grandes socios comerciales en Asia, sobre todo a China. Con ello, la gran dependencia del mercado estadounidense no desaparecerá en el corto plazo, pero el gobierno concentra sus esfuerzos en ampliar sus relaciones económicas.

 

La agresiva retórica de campaña de Donald Trump podría derivar en un clima político inseguro y preocupante en la antesala de las elecciones presidenciales de 2018. Incluso cuando líderes republicanos se apresuran a asegurar que Donald Trump transformará ahora su retórica de campaña en una comunicación moderada propia de un jefe de gobierno, en México ya ha causado daños permanentes. Las declaraciones nacionalistas del recién electo presidente de los EE.UU. han originado fuertes reservas en los patriotas mexicanos e influirán en la designación de los candidatos de los partidos políticos mexicanos en el 2018. Hasta el momento, de los tres grandes partidos políticos, PRI, PAN y PRD, ningún candidato prometedor se ha posicionado. Quien podría aprovechar la situación actual es Andrés Manuel López Obrador, ex alcalde de la Ciudad de México y candidato presidencial de izquierda quien con una ligera ventaja fuera derrotado en las elecciones presidenciales en dos ocasiones. Como dirigente del nuevo partido de izquierda, MORENA, ya en las elecciones parlamentarias y locales de 2015 mostró un desempeño exitoso. La propaganda de su partido y de su candidatura se basa en un discurso patriótico y una retórica de estilo mesiánico. Tanto para los EE.UU. como para México no es deseable que el tan exitoso proyecto regional de integración se dañe debido a repentinos reflejos y ánimos nacionalistas y que se impongan los proteccionistas en ambos lados de la frontera.


Birgit Lamm, Directora Regional para América Latina, Fundación Friedrich Naumann para la Libertad.



Traducción del alemán por Karina Morales


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