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Nicaragua en la trampa del populismo. El clan Ortega asegura el poder por varios años a futuro

Nicaragua en la trampa del populismo. El clan Ortega asegura el poder por varios años a futuro CC BY-SA 2.0 Cancillería Ecuador/ Wikimedia Commons

El pasado 6 de noviembre la democracia en Nicaragua recibió la estocada final, un hecho ampliamente desapercibido por la opinión pública mundial debido a la contienda electoral que se celebraba en los EE.UU. El presidente Daniel Ortega del Frente Sandinista de Liberación Nacional, (FSLN), afianzó su tercer periodo consecutivo de gobierno en las que fueran “elecciones Pro forma” y luego de que meses atrás sistemáticamente anulara a la oposición.


De acuerdo con cifras oficiales, Ortega logró obtener alrededor del 72% de los votos. Su esposa, Rosario Murillo, contendió al mismo tiempo por la vicepresidencia resultando victoriosa. Hasta entonces se había desempeñado como portavoz del gobierno, tras bambalinas movía los hilos y coordinaba la labor gubernamental de su esposo. Hecho que podría interpretarse como la creación del ambiente propicio para una sucesión dinástica. Al lado de Ortega contendieron sólo unos cuantos exánimes partidos opositores, todos vinculados a la dirigencia sandinista.

 

La insolencia del populista clan Ortega ha sorprendido incluso a los férreos observadores de una América Latina que no adolece de excesos autocráticos. Algunos ya hablan incluso de la farsa electoral más grande de la más reciente historia iberoamericana. Ya que, mientras el Supremo Tribunal Electoral anunciaba una participación del 65%, de acuerdo con datos de la oposición debió ser poco menos del 30%. Y en efecto, resulta cuestionable el por qué los nicaragüenses acudirían en masa a las urnas. El único partido opositor serio, el Partido Liberal Independiente, (PLI), fue sacado meses atrás de la jugada mediante una sentencia judicial de facto motivada por intereses políticos. Dos meses después fueron destituidos 16 diputados y 12 suplentes de la oposición. Con ello se evidenció que apenas a cuatro décadas de la caída de la dictadura de Somoza a finales de los años 70´s, las señales apuntan nuevamente hacia un régimen autoritario permanente.

 

Las misiones internacionales de observación electoral ni siquiera habían sido invitadas por Ortega. A fin de guardar las apariencias, en su lugar estuvieron presentes los llamados “acompañantes internacionales”, entre ellos figuraban viejos conocidos como el ex presidente de Honduras Manuel Zelaya, o Mauricio Funes, ex presidente de El Salvador exiliado en Nicaragua debido a acusaciones de corrupción en su contra. Como bien reza el dicho popular “entre bueyes no hay cornadas”.

 

Independientemente de la supresión de la oposición, el descarado retorno al régimen autoritario se vio favorecido por una serie de factores:

 

  1. La oposición liberal había estado dividida en los últimos años, nunca se recuperó del escándalo de corrupción que rodeó al último presidente liberal, Arnoldo Alemán.
  2. El astuto proceder de Ortega en armonía con la iniciativa privada ofrece pocos flancos de ataque en el ámbito de la política económica (hay estabilidad, las tasas de crecimiento están por encima del promedio en el comparativo regional).
  3. A causa de las crisis en las puertas de Europa y de las elecciones en los EE.UU., la comunidad internacional actualmente tiene otras prioridades. Aunado a ello, aparentemente falta el instrumental en materia de política exterior para imponer los límites a los autócratas modernos.

 

No obstante, Ortega se ve amenazado por externalidades: debido a la dramática caída del precio del petróleo, el multimillonario apoyo presupuestal de Venezuela se ha agotado; adicionalmente, es probable que el Congreso de los EE.UU. apruebe en breve el “Nicaragua Investment Conditionality Act” que condicionará los créditos que otorguen las organizaciones donantes internacionales a Nicaragua. Sin estos pagos prácticamente todas las partidas de inversión del presupuesto nicaragüense desaparecerían. Pero Ortega parece haber hecho sus cálculos, de cualquier manera no podría hablarse de un cambio de ánimo. No es momento de grandes cuestionamientos ideológicos y con su amplísimo pragmatismo al gobernar, evita cualquier movilización en su contra de la masa de nicaragüenses apolíticos. Sin embargo, los representantes del sector económico observan con preocupación este desarrollo.

 

NICA ciudadanosNuevos movimientos opositores

Previas las elecciones se formó alrededor de algunos representantes del PLI un nuevo grupo opositor, “Ciudadanos por la Libertad”. Contrario a lo que se esperaba, Ortega podría tener interés en que este movimiento concluya con éxito su proceso de registro el año entrante. La aletargada movilización de los mismos sandinistas a causa de la falta de competencia puede convertirse en un problema para Ortega, incluso él necesita un mínimo de aparente legitimidad democrática frente a sus propios seguidores.

 

Contrario al Frente Amplio por la Democracia, que demanda reformas radicales y también emanó del PLI, los Ciudadanos por la Libertad únicamente abogan por su regreso al proceso político formal del país, con lo cual podrían servir a Ortega para simular una participación democrática. Este no es un escenario deseable, sin embargo, el sombrío desarrollo hace que los liberales y demócratas actualmente se aferren a cualquier alternativa que se les presente.


David Henneberger, Director de Proyectos para Centroamérica, Fundación Friedrich Naumann para la Libertad



Traducción del alemán por Karina Morales


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